Soy Ingeniero Mecánico de formación y de práctica. Durante años he trabajado entre sistemas reales: procesos que fallan, componentes que se desgastan, máquinas que necesitan algo más que teoría para volver a girar y deseos que requieren de un genio que los conceda.

Mi especialidad es la mejora continua: reducción de rechazos, optimización de calidad, prolongación de la vida útil de componentes y sistemas, y diseño de procesos para nuevos productos. Trabajo para que lo complejo ó imaginario sea posible, incluso asequible, sostenible y funcional en el mundo real.

YeehawStudio es la extensión natural de ese oficio hacia el entorno digital. Aquí aplico la misma lógica de taller al marketing digital, al uso estratégico de la inteligencia artificial, al SEO y a los modelos de negocio online. Cambian las herramientas, pero no el principio: entender el sistema, localizar la fricción y hacer que la máquina funcione.

En pocas palabras, soy un solucionador.
El mediador entre el problema y la solución.
Entre la idea y la materialización.

YeehawStudio no trata de promesas rápidas ni fórmulas mágicas. Trata de construir, ajustar y mantener sistemas que puedan girar a largo plazo.

Mi pasión es involucrarme en la visión de mis clientes y darle forma de manera accesible, funcional y rentable. Traducir ideas en sistemas que puedan sostenerse en el tiempo.

Con los años entendí que mi mayor recompensa no es solo resolver problemas, sino aprender a cumplir sueños —incluidos los míos—. Y no, no sucede con un chasquido de dedos. Nunca lo ha hecho.

Es precisamente en la travesía entre el sueño y su materialización donde juego mi mejor carta: el gusto y la disciplina por crear procesos, por abrir camino donde antes no lo había, por obsesionarme con encontrar el “cómo sí” y avanzar con calma incluso dentro de la frustración y la adversidad.

Ahí es donde la máquina se resiste, vibra, se recalienta… y finalmente empieza a girar.

Hoy puedo decir que ese camino me llevó a recorrer mi país un par de veces y a cruzar el mundo al menos una vez, incluso hasta la Antártida. No como destino, sino como recordatorio: los sistemas bien construidos —como los sueños trabajados— pueden llevarte mucho más lejos de lo que imaginas.